Al principio no tenía inconveniente. La idea de tener un pescado como mascota me parecía algo de lo más normal y empecé a sentirlo cotidiano. Pero ahora que estoy en la cama no puedo conciliar el sueño. El pez me observa, no duerme. Siempre está en constante movimiento. Cuando uno durme es el instante preciso donde se está al descubierto, desnudo del alma, sentir que alguien te observa. Es sumamente perturbador. Mi pez es alguien y me observa todo el tiempo. Se llama Arcadio.
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