martes, 25 de agosto de 2009

La influencia de Marco Tulio Cicerón: el arte de la oratoria y el abuso de la paciencia.


“El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes”.


Marco Tulio Cicerón, jurista, político, filósofo y orador romano, nació en 106 a.C. y murió en el 43 a.C. en la Roma republicana. Hablar de este personaje es de suma importancia, ya que es una muestra del alto grado de conocimiento que podemos obtener a través del pensamiento libre y racional.

Cicerón, tuvo unos estudios y educación lleno de matices y multiplicidad de acepciones filosóficas gracias a la cultura helénica fuertemente arraigada en él: sus planteamientos relativos a la moral estaban cercanos al estoicismo, mientras que en gnoseología defendía un escepticismo moderado; todas estas influencias y lecturas darán al cabo en el eclecticismo y en él sintetizará la tradición griega rescribiéndola en latín. Mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus condensadas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego.

En este pequeño escrito pretendo abordar no su biografía, la cual todos podemos conocer a través de los escritos de Plutarco y los humanistas del renacimiento, sino una de las características por las cuales se identifica a Cicerón: el uso de la oratoria.

La oratoria, perteneciente a la retórica, es el arte correcto de hablar con elocuencia. Este género literario se especifica en distintas formas, como el discurso, la disertación, la conferencia, el sermón, entre otros; el cual se propone influir en la opinión o en los sentimientos de la gente por medio del habla. Marco Tulio Cicerón se distinguió en esta rama, llegando a ser no sólo uno de los más grandes oradores de Roma, sino de la historia de la humanidad.
Esto se puede hacer constar en un hecho histórico: la oposición de Cicerón a la conspiración Catilina. En el 64 a.C. Marco Tulio fue elegido como candidato a Cónsul por la mayoría de la aristocracia romana, en contra del otro candidato Lucio Sergio Catilina. Este último, al perder de nueva cuenta contra Cicerón, decide organizar un golpe de estado, derribando al gobierno e imponer una dictadura. Sin embargo, Cicerón, fiel defensor de la república como forma de gobierno, pudo contener la situación y expone a Catilina ante el Senado. En ese recinto se expusieron los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores. Esto constituye la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo, ya que, a través de su discurso pudo llegar a su fin deseado y convencer a una gran audiencia.

La oratoria es un gran medio de interlocución para lograr el correcto dialogo entre las partes. A partir de la práctica de este arte podemos exponer sin fin de temas y presentar nuestras ideas de una forma clara y precisa, no cualquiera pude exponer un tema ante una gran audiencia, se necesita de mucha práctica, además de obtener habilidades de gesticulación y movimiento corporal.

Por último, me gustaría mencionar un punto que me llamó la atención. Dentro de las Catilinarias, Marco Tulio invoca una frase celebre que solamente un hombre tan cultivado e inteligente como él puede hacerlo. La frase es: "¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”

Esta frase se puede evocar en nuestros días y la podemos aplicar ante nuestra lamentable realidad social, llena de abusos e injusticias, donde un Estado donde reina la impunidad y la corrupción, es incapaz de imponer orden para lograr la convivencia social, que durante tantos años el pueblo mexicano exclama al vacío sin que nada ni nadie le responda. Ya es hora que nosotros como seres pensantes y racionales, actuemos en lo personal y lo social para cambiar esta situación. Es la hora para responder: ¿hasta cuando, abusarán de nuestra paciencia?, ¿hasta cuando?

lunes, 24 de agosto de 2009

En defensa del Estado Laico

Este escrito lo presente en la mesa de trabajo #3 en el 9° Congreso Nacional Liberal de Avanzada Liberal Democrática celebrado los dias 21 y 22 de agosto del 2009 en San Luís Potosí.


A través de la historia de nuestra nación, incluso antes de que se conformara como nación, el pueblo mexicano es testigo de las luchas sociales que emanaron de las necesidades de un pueblo saqueado por autoridades que ejercieron su poder por medio de la fuerza y el engaño, la traición y la infamia. Uno de esos falsos detentadores del poder es sin lugar dudas el de la Iglesia católica.
Para hablar del peso de la Iglesia en nuestra vida nacional, es necesario un recuento que se remonta desde la conquista española al territorio que hoy conforma México. Al verse descubiertas los nuevos territorios en las indias, los Reyes Católicos encontraron una justificación jurídica para dominar dichos territorios: las Bulas Alejandrinas, las cuales daban el derecho divino al reino de Castilla de colonizar los territorio descubiertos, claro esta, a cambio de que la Iglesia “evangelizara” a los mal llamados indios habitantes de ese lugar. Hay excepciones dentro del clero en esta etapa de la historia, tales como Bartolomé de las Casas, Alonso de la Veracruz y Vasco de Quiroga, los cuales se empeñaron en defender los derechos humanos de nuestros antepasados en contra de la Corona española. Pero la gran mayoría de gente del clero, utilizaba a los indios haciéndoles construir sus iglesias, o imponiendo la institución de la encomienda a cambio de una educación con fuerte doctrina cristiana.
Ya para 1824 con la primera Constitución del México independiente, se dictamina que la única religión seria la católica, esto como consecuencia del pacto realizado entre los liberales y conservadores de la época para que se diera la consumación de la guerra por la independencia.
Fue hasta 1857 con la Constitución y Leyes de Reforma donde participaron grandes constituyentes, como nuestro ilustre Don Benito Juárez, donde se encierra a la Iglesia en sus templos y edificios, quitándoles la enseñanza pública, deshaciendo los tribunales especiales, prohibiendo administrar todo bien innecesario para su culto y dejándolos fuera de un puesto público. Aquí es donde se sientan las bases de lo que hoy cono conocemos como separación Iglesia-estado y Estado laico.
En nuestra constitución que actualmente nos rige, la de 1917, se le da forma a la laicidad del Estado, sentando sus bases constitucionales en los artículos. 3°, 5°,7°, 24°, 55 VI, 82 IV, 130 constitucionales. No es necesario determinar en la Constitución que el pueblo mexicano se constituya en una república, representativa, democrática, federal y laica; ya que la misma Constitución en los artículos antes mencionados otorga la laicidad del Estado mexicano de derecho, siendo garantía fundamental del ciudadano.
A pesar de todo esto la complejidad y el pluralismo no se perdieron en México. Lo que tenemos en este siglo XXI, es defender el Estado laico y no al anticlericalismo, pues como liberales, ciudadanos, mexicanos, debemos respetar el culto y creencias de los demás individuos, siempre y cuando no detente en contra de la nación y no se inmiscuya como control social en el gobierno. Es cuanto.