miércoles, 13 de julio de 2011

The Man on the Silver Mountain

Hoy domingo 10 de julio, Ronald James Padavona, mejor conocido como Ronnie James Dio, uno de los más grandes vocalistas dentro del género del Heavy Metal, cumpliría 69 años de edad. Nacido en 1942 en Portsmouth, New Hampshire, EE.UU., incursionó en el mundo de la música participando en bandas como Elf, Rainbow, Black Sabbath (Heaven and Hell) y posteriormente trabajando como solista en DIO. Hace poco más de un año perdió la lucha contra el cáncer, es por eso que este día celebramos su obra y legado reseñando, lo que a mi criterio, serían sus discos más característicos:







1. “Rising”- Rainbow (1976).


Grabado en Munich, Alemania, es el segundo disco del proyecto del entonces ex guitarrista de Deep Purple, Ritchie Blackmore. Las grandes habilidades de Blackmore como guitarrista y la gran voz característica de Dio que, sumado a las letras épicas que lo seguirían en el resto de su obra, hacen que este álbum se convierta en un clásico dentro del hard rock. A pesar de que el anterior disco homónimo posee temas trascendentales como lo es “The Man on the Silver Mountain”, esta pieza contiene dos piezas fundamentales: “Stargazer” y “A Light in the Black”. La primera cuenta con la participación de la Orquesta Filarmónica de Munich, y sus ocho minutos y medio hacen de esta canción toda una experiencia para el escucha. Todo un himno sin duda, pero solo nos prepara para lo que sigue. “A Light in the Black” es una canción veloz, con grandes riffs y solos por parte de Blackmore. Incluso podría afirmar que esta canción es una de las mejores que he escuchado. Nos recuerda mucho a “Highway Star” de Deep Purple, otra obra maestra de Blackmore. Esta dupla Ronnie-Ritchie no duraría mucho, pero la participación de Dio dentro de Rainbow definitivamente fue crucial para el camino de la banda y el fortalecimiento como gran cantante.






Tracklist:


“Tarot Woman” (6:04)


“Run with the wolf” (3:43)


“Starstruck” (4:08)


“Do you close you eyes” (3:02)


“Stargazer” (8:32)


“A light in the black” (8:11)






2. “Heaven and Hell”- Black Sabbath (1980).


A finales de los 70’s Black Sabbath estaba en crisis. Al parecer la inspiración los abandonó y provocó un estancamiento musical, distanciando a los miembros de la banda. Todo terminó cuando Ozzy Osbourne, su particular cantante y front man, abandona la banda. La legendaria banda estaba sentenciada a su muerte, pero los sobrevivientes se negaron y decidieron seguir adelante. Un inconveniente, ¿quién ocuparía el lugar de Ozzy? Dio deja al Rainbow de Blackmore para unirse a Sabbath. El resultado, uno de los mejores discos del Heavy metal de todos los tiempos. Heaven and Hell es el primer disco de la trilogía Sabbath-Dio (junto con el excelente Mob Rules y el no tan bueno Dehumanizer). Contiene piezas realmente asombrosas como “Neon nights”, Children of the Sea” y “Die Young”, son embargo la pieza clave es la canción que le da nombre al disco. “Heaven and Hell”, la canción, es hoy en día todo un himno dentro de las huestes del mundo metalero. Todo un clásico. El último disco de estudio en el que Dio participó con la banda de Tomy Iommi fue The Devil You Know del año 2009, mostrando que a pesar de los años, su voz nunca perdió sus alcances. Además con el Heaven and Hell de 1980 se demostró que el único que pudo hacernos olvidar la presencia de Osbourne en Sabbath fue Ronnie James Dio.




Tracklist:


"Neon Knights" (3:54)


"Children of the Sea" (5:35)


"Lady Evil" (4:26)


"Heaven and Hell" (6:59)


"Wishing Well" (4:08)


"Die Young" (4:46)


"Walk Away" (4:26)


"Lonely Is the Word" (5:53)






3. “Holy Diver”- DIO (1983)


El álbum debut de Dio como solista. Después de su salida de Black Sabbath e impulsado por su esposa Wendy Dio, reclutaron al guitarrista Vivian Campbell, al bajista Jimmy Bain y al baterista Vinny Appice (quien sustituyó al batería de Sabbath en la era de Dio). Juntos crearon una joya dentro de la música. "Stand Up and Shout" es el corte que abre el disco, con gran ferocidad y alta velocidad es un presagio de lo que viene a continuación. Después de una introducción sacada de un paraje desolador, comienza “Holy Diver” otro de los tantos himnos que tiene Dio. Todo aquí que le guste el hard rock y el metal conoce estos riffs y aquel video donde Ronnie se abre paso con espada en mano por los pasillos de un castillo en ruinas. "Caught in the Middle", "Don't Talk to Strangers", "Invisible", "Shame on the Night", fluye la magia dentro de las letras llenas de poesía. Último tema por destacar: “Rainbow in the Dark” en donde destaca las habilidades como tecladista de Ronnie y donde este sonido sobresale en toda la canción, rompiendo con le esquema de que la guitarra debe guiar al alma de una canción. Este es tan solo el primero de los discos que el “Hombre de la montaña plateada” realizaría como solista.






Tracklist:


"Stand Up and Shout" (3:06)


"Holy Diver" (5:51)


"Gypsy" (3:39)


"Caught in the Middle" (4:14)


"Don't Talk to Strangers" (4:53)


"Straight Through the Heart" (4:31)


"Invisible" (5:24)


"Rainbow in the Dark" (4:21)
"Shame on the Night" (5:20)

domingo, 29 de mayo de 2011

Minificciones II

Mi pez se llama Arcadio. No le puse ese nombre, ya venía con él. Ahora que lo pienso es un nombre muy bonito, como que lleno de bondad. No le pondría Arcadio a ningún hijo mío. No se lo merecen. Todos los hombres son malos. El único momento en que son buenos es cuando se les concibe, cuando todavía no salen a este mundo. Tal vez no deberíamos sacarlos a nuestra realidad, no sería justo. Nunca le pondría Arcadio.

Minificciones I

Al principio no tenía inconveniente. La idea de tener un pescado como mascota me parecía algo de lo más normal y empecé a sentirlo cotidiano. Pero ahora que estoy en la cama no puedo conciliar el sueño. El pez me observa, no duerme. Siempre está en constante movimiento. Cuando uno durme es el instante preciso donde se está al descubierto, desnudo del alma, sentir que alguien te observa. Es sumamente perturbador. Mi pez es alguien y me observa todo el tiempo. Se llama Arcadio.

domingo, 15 de mayo de 2011

I'm Back!

Así es. Ya regresaron las teclas de Pancha, más por ego y beneficio propio que por otra cosa. Estos escritos y otros de igual forma los pueden checar aquí en el blog o en Con tu Palabra.com (http://www.contupalabra.com/inicio/index.php) en la sección de columnistas de San Luís Potosí.

RADIOGRAFÍA DE UNA RELIGIÓN -o dios no existe pero como estroba-

Sábado, 7 de la tarde. Después de una pequeña discusión ideológica con mi padre, me veo forzado, después de varios años, a ir a la iglesia a escuchar misa. Así es, en vez de distraerme en otros menesteres, me veo en la difícil situación de ir a escuchar misa. En fin, ahí estaba, un poco malhumorado y con ganas de seguir discutiendo con mi progenitor. ¿Yo, en la iglesia? ¿Cómo es qué llegué aquí? ¿Cómo es que perdí la pelea con mi padre? En medio de la controversia, llegó a mi cabeza que con el que estaba discutiendo era mi padre, le tengo que respetar; ni hablar, no le podía ganar. Ya situados en la Parroquia de Nuestro Señor Jesucristo, traté de buscarle el lado positivo a mi triste situación, que básicamente se centraba en lo que quería o no hacer ese día. ¿Cómo sacar provecho en la Casa del Señor? Empecé a reflexionar sobre mi rol de católico, que, como pasa en todas las religiones, son heredadas de padres a hijos, generación tras generación, hasta que algún evento desafortunado rompe con la fe o los intereses que uno persigue en dicha religión.


Vino a mi mente mis primeras incursiones en lo religioso y en la veneración de dios, pues, como seres humanos, se tiene la imperiosa necesidad de encontrarse con el ser creador de todo para comprender el mundo en el que se habita. Mi casa tenía algunas estampas y figuras religiosas, las cuales me daban un poco de miedo, aún me pregunto el porqué de mostrar a los santos o a Jesús todos llenos de sangre y moribundos. Felicito a los romanos por crear algo tan horroroso como castigar a los hombres en una cruz enorme de madera, ni los cárteles mexicanos tienen tanta imaginación. De niño me encantaba que fuera domingo, era, digamos, el día de la familia antes de que Fox llegara a nuestras vidas. Siempre íbamos todos al centro a comprar cosas, a pasear, o a ir con la abuela y estar con los tíos y primos (que por cierto tengo muchos); en pocas palabras, salir de lo cotidiano de la semana. El único inconveniente era que, para que empezara la diversión, tendríamos que pasar una hora en la iglesia. Por Dios, que aburrido era. Nunca me agradó eso de sentarse y pararse una hora y escuchar sermones de hacer el bien y no la guerra. Ustedes dirán que solo es una hora… pero parecían miles, y uno como niño que solo quería jugar pues no encajaba. Mis papás me decían a cada momento: “quédate quieto”, “no te muevas”,” respeta”. ¿Por qué el Papa no decreta cambiar el ritual para que no se duerma la gente? Cosa diferente era la época navideña y todo el rollo de acostar y levantar al niño dios. Eso sí que me gustaba. A parte de los regalos (en navidad), la comida, la colación y la convivencia familiar, eso de andar cantando acerca de pastores con zapatos rotos y una virgen que se peina era divertido, muy alegre. Ahí no me decían nada, todo era festejo.


También recuerdo mi época religiosa más marcada: los tiempos de la primera comunión. Estaba en sexto de primaria y, como siempre he sido muy “estudioso” (por no decir nerd), me aprendí todos los rezos y cosas por el estilo, tal vez por mi ego profundamente arraigado y la enseñanza de ser siempre mejor que los demás en lugar de mi devoción hacía el señor. Además el ambiente estaba muy bien: estaban todos mis amigos y las clases eran en una casa ubicada en una calle llena de protestantes y cristianos donde vivía un matrimonio profundamente católico. A veces nos tocaban naranjazos al salir a nuestras casas. Aparte de eso, asistía a los rosarios de la virgen y a las posadas. Era todo un creyente. Pero después me salió lo crédulo. Crecí, empecé a leer, abrí mi mente y mi pensamiento. En ese lapso realicé lo que se llama la confirmación, pero lo hice porque había promoción de 3x1 en la iglesia (digo, tal vez me casé, prefiero ahorrarme problemas).Me di cuenta que no necesito confesarme con un señor que ni conozco y que no inspira confianza, no necesito intermediarios con Dios. Creo que todos, por la educación que recibe, saben diferenciar lo bueno de lo malo, todos tenemos conciencia, incluso desde pequeños. Y si no se sabe lo que es correcto, pues ahí está el código penal.


Pero no he llegado a contestar las razones por las que llegué a la iglesia, que por cierto no es mexicana sino apostólica y romana. En fin, accedí a ir con la familia a escuchar misa por mi padre. No porque me lo ordenará (pero si lo hizo), sino por sus intereses. Me dijo enfrente de todos que, aunque hace ya años que no asistíamos a misa, el prometió asistir a misa todo un año para que nos vaya bien a todos y se nos cumpla lo planeado. Mi padre va todos los años (desde hace unos 25 o más) a pie a San Juan de los Lagos para pedirle a la Virgen que cuide a mi familia y no tengamos carencias; se va de rodillas al Santuario de la virgen de Guadalupe por los mismos motivos. Yo estoy en contra de todo eso de andar sufriendo según tu creencia para que se cumpla lo que uno pide, pero mi padre hace eso no por él, sino por mi madre, mis hermanos y por mí. Si mi padre sufre para que yo esté bien, y cree que con eso se cumpla, no tengo la autoridad para decirle que está mal lo que hace. Al contrario, le tengo que agradecer. Además, no creo que una hora de sermones me mate. Total, ya estoy aquí.

A mi me mató la vida.

“Sweet lovely death
I am waiting for your breath
Come sweet death
one last caress.”
- The Misfits.

Hablar de la muerte es como hablar de la vida misma. Tal como dice Baudelaire, la muerte nos consuela y nos hace vivir, objeto es de la vida, la esperanza está en ella, esperanza que embriaga igual que un elixir y que en la negra noche brilla como una estrella. Dicen por ahí que es lo único que tenemos seguro en la vida. Y también es lo que al final nos hace a todos iguales. No discrimina. No le importa cual es tu credo, o el color de tu piel, o cuanto dinero tengas; eso no te libra de su llegada, todos nos hemos de morir algún día. Nadie se salva. Pero eso si, a nadie nos llega igual. No es igual la muerte de los amantes que la de los que están solos, o la de los que tienen dinero a la de los que no tienen que comer; no es igual la muerte de un artista o una gran celebridad por todos querida que la de un perfecto desconocido.

Fernando Savater alguna vez contó la primera vez que comprendió que se tenía que morir. Tenía 10 años, y a la mitad de la noche se levantó sobresaltado y se dio cuenta de que iba a morir. Todos iban a morir, pero las muertes de los demás no serían nada comparadas con su muerte. La reflexión que hace acerca de este hecho es que el darte cuenta que vas a morir es una propia parte de la muerte. Y es que al lo largo de nuestra vida, nos morimos poco a poco, desde que nos arrancan del vientre de nuestra madre hasta que estamos cansados de nuestro propio ser y postrados en una cama esperando el inevitable final. Nos morimos un poco cuando envejecemos y nos damos cuenta que no hemos cumplido con lo que se esperaba, que no cumplimos con nuestros sueños y expectativas y que ya no podemos realizarlas. Morimos un poco cuando el amor se nos acaba o cuando te das cuenta que el destino esta en tu contra y la vida te es más amarga. Incluso nos morimos un poco cuando ese ser querido y amado se va para ya nunca volver más y vives con la esperanza de que algún día la vuelvas a ver en un lugar mejor.

Estaba colgando los tennis
Cuando yo estiré la pata,
Me dieron ganas de fumar
Pues creo que es hora de faros chupar.

Escucho que alguien camina
Con tacones de Catrina,
Al verla cerré mis ojitos
Y tieso yo me quedé.

Desnuda y un poco huraña
Dejó a un lado su guadaña,
Se metió conmigo a la cama
Y yo solo pude asentir.

Y entonces que llega la Vida
Y me descubre en la movida,
Y se siente tan herida
Que yo me quise morir.

Y estaba tan despechada,
Tan furiosa y confundida;
La muerte ni me hizo nada,
A mi me mató la vida.

Hablando de un lugar mejor, parece que el hombre necesita tres cosas que no pueden obtenerse en esta vida: comprensión del propio ser, comprensión de los otros y comprensión del cosmos . No tenemos suficiente con nosotros mismos, y ante la tristeza, el dolor y el vacío de esta vida, el hombre ha querido consolarse con la idea de que, al morir, irá a un lugar mucho mejor. Algunos lo llaman Cielo; y se presume que ahí se tendrá una vida mejor, no habrá problemas, preocupaciones ni tribulaciones; no habrá enfermedades, ni dolor, ni muerte; todo estará lleno de paz, felicidad y amor universal; uno se encontrará con los padres, cónyuges y parientes muertos, y todos vivirán en la presencia de Dios en este reino del espíritu. Tal vez sea cierto y el espíritu, el alma, la consciencia trascienda y se haga uno con el Todo. O tal vez cuando uno parta de este mundo pues se acaba todo y la famosa eternidad no existe. No estoy aquí para hacerlos tomar una u otra postura, cada quien tiene su criterio para pensar lo que quiera en esta vida. Y eso es lo bonito de la muerte. Si no existiera tal cosa, tendríamos mucho que hacer, ver y conocer, pero nada que pensar, que meditar, que reflexionar. La muerte nos hace sentirnos vivos, nos hace madurar y prepararnos en esta vida donde es donde nos necesitan. Por la muerte no se preocupen tanto, ya llegará, pero si no hacemos algo en esta vida, entonces de nada servirá. Como dijo Platón, la filosofía es prepararse para morir, pero prepararse para morir no es otra cosa que pensar en la vida.

Estaba entregando el equipo
Cuando vi a aquella flaca,
Un coche a mi me arroyó
Y yo ni le vi la placa.

Al cielo yo me elevé
O sea que me petatié,
Pues creo que me lo gané
Pues de vivo yo me pase.

Y si muero porque me muero
Como dijo santa Teresa,
Pues mátenme porque me muero
Que la parca se deshuesa.

Y es que el muerto se va al agujero
Y el vivo se pica el trasero,
Pero si muero primero
Es probable que yo ni me entero.

Y si la vida no vale nada
Y si me han de matar mañana,
Y si muero lejos de ti
Aunque me cueste la vida.

Y estaba tan despechada,
Tan furiosa y confundida;
La muerte ni me hizo nada,
A mi me mató la vida.





-Fernando Rivera Calderón

En cuanto a mi, yo concuerdo con lo que se menciona en el libro “Quiéreme Cinco Minutos” de Anahí López, donde la protagonista de la historia asiste al funeral de su abuela y al no comprender satisfactoriamente lo que es la muerte, le pregunta a su primo sobre lo que sucede si luego no pasa nada; a ella, esperando una respuesta relacionada con la fe o a la reencarnación, le responden: si no se acaba aquí, pues que bien, y si sí, no te vas a enterar. Creo que tiene mucha razón. Y es que estaba tan despechada, tan furiosa y confundida; la muerte ni me hizo nada, a mi, a mi me mató la vida.