domingo, 6 de septiembre de 2009

No hay nada que decir

“Solo sé que no sé nada”
Sócrates.



En estos últimos días he tratado de plasmar en el papel algún tema de interés para todos ustedes y presentarlo aquí. Vinieron a mi cabeza diversos temas acerca de moral, de historia, de metafísica, de arte, pero no me sentía cómodo, seguro, y no los pude desarrollar como debe ser. Entonces me pregunté, ¿qué estas haciendo?, contestándome: nada. Y es ahí donde surgió la idea de lo que a continuación voy a presentarles, la nada. ¿Por qué hablar de nada? ¿Qué es la nada? ¿A alguien le interesa la nada? En dado caso al que deba interesarle sería a nadie. Y hablando de nadie, yo quiero ser nadie, ¿por qué? Pues porque todos quieren ser alguien en la vida, y eso es, a mi juicio, aburrido y patético, ordinario. Ser alguien es difícil, ya que eres algo. El ser humano es perfectible, y basándonos en ese principio, yo quiero ser nadie, ya que nadie es perfecto y nadie ha alcanzado la sabiduría total. Es por eso que este trabajo se lo dedico a nadie, nadie nos quiere, nadie nos escucha, nadie nos brinda su apoyo, nadie ha demostrado ser digno de estar en este augusto recinto. Pero ya nos hemos desviado un poco. Yo vengo ha hablarles de nada, y espero sinceramente que entiendan un poco las ideas expuestas por su servidor, ya que nadie las ha podido entender.

Desde tiempos arcaicos, muchos pensadores de diversas corrientes filosóficas se han roto la cabeza intentado dilucidar la idea de la nada, qué es, para qué sirve. Consultando el Diccionario Manual Ilustrado Larousse nos conceptualiza a la nada como absolutamente ninguna cosa, es decir, el no ser o carencia absoluta de todo ser.

Es así como los filósofos griegos empezaron a estudiar al ser, a la nada como la negación del ser. Parménides sostuvo que el ser es, y el ser no es. Platón trató de comprender la función de la nada en la concepción de los entes. Aristóteles sostuvo que tanto la negación como la privación se dan dentro de afirmaciones, porque incluso del ‘no ser’ puede afirmarse que no es. El personaje que más llama la atención es Sócrates, fingiendo saber menos, conversaba con la gente y luego les hacía notar sus errores; a esto se le denominó “ironía socrática”, la cual queda expresada con su célebre frase “Sólo sé que no sé nada”, queriendo decir, en realidad, que sabia todo.

Posteriormente, Hegel, afirmando que el ser y la nada son igualmente indeterminados porque la nada tiene la misma falta de determinación que el ser. El sostuvo que si se purifican ambos, ser y nada, resultan ser lo mismo en esencia. Bergson indica que la nada es en sí una pseudo-idea, ya que no se le puede pensar ni imaginar. Heidegger estudia a la nada preguntándose por que no hay nada, llegando a la conclusión de que la nada es el elemento esencial que sostiene a la propia existencia. Otra aportación es referente a la interrogante de lo que hace la nada, resultando que la nada nadea. Sartre en su sobra “El ser y la nada”, deduce que el ser por el cual viene la nada al mundo debe ser su propia nada. Claro está que debemos estudiar profundamente y a conciencia a estos pensadores y filósofos para entender y comprender su idea de la nada, el ser y la existencia.

Aquí viene otro problema, el del lenguaje. Alguien alguna vez dijo: la vida no vale nada. Entonces, por ser doble negación, pasa a ser una afirmación, concluyendo: la vida vale algo. Otro, no somos nada: en realidad quiere decir que somos algo, lo correcto es decir somos nada, ¿no creen? Llegas con alguien y le preguntas ¿qué haces? Y te responde: no hago nada. Entonces quiere decir que esta haciendo algo, ¿no? Y al hacer nada, ¿estas haciendo algo?

Es aquí donde llego a una conclusión, si es que se le puede llamar así: el problema de la nada, esta solo aparece cuando alguien la enuncia; la nada no puede definirse, al momento de definirla declaramos su existencia. Y al ver que no se podía llegar a algún lado, dado mi carencia de conocimientos en el tema que es extenso como el océano mismo, declaro mi posición: la nada es nada.

martes, 25 de agosto de 2009

La influencia de Marco Tulio Cicerón: el arte de la oratoria y el abuso de la paciencia.


“El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes”.


Marco Tulio Cicerón, jurista, político, filósofo y orador romano, nació en 106 a.C. y murió en el 43 a.C. en la Roma republicana. Hablar de este personaje es de suma importancia, ya que es una muestra del alto grado de conocimiento que podemos obtener a través del pensamiento libre y racional.

Cicerón, tuvo unos estudios y educación lleno de matices y multiplicidad de acepciones filosóficas gracias a la cultura helénica fuertemente arraigada en él: sus planteamientos relativos a la moral estaban cercanos al estoicismo, mientras que en gnoseología defendía un escepticismo moderado; todas estas influencias y lecturas darán al cabo en el eclecticismo y en él sintetizará la tradición griega rescribiéndola en latín. Mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus condensadas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego.

En este pequeño escrito pretendo abordar no su biografía, la cual todos podemos conocer a través de los escritos de Plutarco y los humanistas del renacimiento, sino una de las características por las cuales se identifica a Cicerón: el uso de la oratoria.

La oratoria, perteneciente a la retórica, es el arte correcto de hablar con elocuencia. Este género literario se especifica en distintas formas, como el discurso, la disertación, la conferencia, el sermón, entre otros; el cual se propone influir en la opinión o en los sentimientos de la gente por medio del habla. Marco Tulio Cicerón se distinguió en esta rama, llegando a ser no sólo uno de los más grandes oradores de Roma, sino de la historia de la humanidad.
Esto se puede hacer constar en un hecho histórico: la oposición de Cicerón a la conspiración Catilina. En el 64 a.C. Marco Tulio fue elegido como candidato a Cónsul por la mayoría de la aristocracia romana, en contra del otro candidato Lucio Sergio Catilina. Este último, al perder de nueva cuenta contra Cicerón, decide organizar un golpe de estado, derribando al gobierno e imponer una dictadura. Sin embargo, Cicerón, fiel defensor de la república como forma de gobierno, pudo contener la situación y expone a Catilina ante el Senado. En ese recinto se expusieron los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores. Esto constituye la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo, ya que, a través de su discurso pudo llegar a su fin deseado y convencer a una gran audiencia.

La oratoria es un gran medio de interlocución para lograr el correcto dialogo entre las partes. A partir de la práctica de este arte podemos exponer sin fin de temas y presentar nuestras ideas de una forma clara y precisa, no cualquiera pude exponer un tema ante una gran audiencia, se necesita de mucha práctica, además de obtener habilidades de gesticulación y movimiento corporal.

Por último, me gustaría mencionar un punto que me llamó la atención. Dentro de las Catilinarias, Marco Tulio invoca una frase celebre que solamente un hombre tan cultivado e inteligente como él puede hacerlo. La frase es: "¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”

Esta frase se puede evocar en nuestros días y la podemos aplicar ante nuestra lamentable realidad social, llena de abusos e injusticias, donde un Estado donde reina la impunidad y la corrupción, es incapaz de imponer orden para lograr la convivencia social, que durante tantos años el pueblo mexicano exclama al vacío sin que nada ni nadie le responda. Ya es hora que nosotros como seres pensantes y racionales, actuemos en lo personal y lo social para cambiar esta situación. Es la hora para responder: ¿hasta cuando, abusarán de nuestra paciencia?, ¿hasta cuando?

lunes, 24 de agosto de 2009

En defensa del Estado Laico

Este escrito lo presente en la mesa de trabajo #3 en el 9° Congreso Nacional Liberal de Avanzada Liberal Democrática celebrado los dias 21 y 22 de agosto del 2009 en San Luís Potosí.


A través de la historia de nuestra nación, incluso antes de que se conformara como nación, el pueblo mexicano es testigo de las luchas sociales que emanaron de las necesidades de un pueblo saqueado por autoridades que ejercieron su poder por medio de la fuerza y el engaño, la traición y la infamia. Uno de esos falsos detentadores del poder es sin lugar dudas el de la Iglesia católica.
Para hablar del peso de la Iglesia en nuestra vida nacional, es necesario un recuento que se remonta desde la conquista española al territorio que hoy conforma México. Al verse descubiertas los nuevos territorios en las indias, los Reyes Católicos encontraron una justificación jurídica para dominar dichos territorios: las Bulas Alejandrinas, las cuales daban el derecho divino al reino de Castilla de colonizar los territorio descubiertos, claro esta, a cambio de que la Iglesia “evangelizara” a los mal llamados indios habitantes de ese lugar. Hay excepciones dentro del clero en esta etapa de la historia, tales como Bartolomé de las Casas, Alonso de la Veracruz y Vasco de Quiroga, los cuales se empeñaron en defender los derechos humanos de nuestros antepasados en contra de la Corona española. Pero la gran mayoría de gente del clero, utilizaba a los indios haciéndoles construir sus iglesias, o imponiendo la institución de la encomienda a cambio de una educación con fuerte doctrina cristiana.
Ya para 1824 con la primera Constitución del México independiente, se dictamina que la única religión seria la católica, esto como consecuencia del pacto realizado entre los liberales y conservadores de la época para que se diera la consumación de la guerra por la independencia.
Fue hasta 1857 con la Constitución y Leyes de Reforma donde participaron grandes constituyentes, como nuestro ilustre Don Benito Juárez, donde se encierra a la Iglesia en sus templos y edificios, quitándoles la enseñanza pública, deshaciendo los tribunales especiales, prohibiendo administrar todo bien innecesario para su culto y dejándolos fuera de un puesto público. Aquí es donde se sientan las bases de lo que hoy cono conocemos como separación Iglesia-estado y Estado laico.
En nuestra constitución que actualmente nos rige, la de 1917, se le da forma a la laicidad del Estado, sentando sus bases constitucionales en los artículos. 3°, 5°,7°, 24°, 55 VI, 82 IV, 130 constitucionales. No es necesario determinar en la Constitución que el pueblo mexicano se constituya en una república, representativa, democrática, federal y laica; ya que la misma Constitución en los artículos antes mencionados otorga la laicidad del Estado mexicano de derecho, siendo garantía fundamental del ciudadano.
A pesar de todo esto la complejidad y el pluralismo no se perdieron en México. Lo que tenemos en este siglo XXI, es defender el Estado laico y no al anticlericalismo, pues como liberales, ciudadanos, mexicanos, debemos respetar el culto y creencias de los demás individuos, siempre y cuando no detente en contra de la nación y no se inmiscuya como control social en el gobierno. Es cuanto.

jueves, 30 de julio de 2009

Crisis musical existencial


Hoy he vuelto a salir a la calle. Otra vez en contra dirección. Los veo pasar y no siento nada. Ni siquiera pena. Dudo que se fijen en mi. De hecho dudo que se fijen en algo por sí solos. Los medios de comunicación, en cuanto música, solo quieren vender, no les importa nada mas. Toda esta propuesta musical plastificada ha llegado a mi, a mi familia, como un lento susurro que de alguna manera no puedo evitar, como una plaga silenciosa que nos adormece mientras nos quita eso que somos y nos convierte en una masa de cerebro unicelular. La gente parece conforme con esto. Veo su incomprensión, necesitan algo facil de digerir, algo superficial. a veces me gustaría considerarme como algún afortunado, pero me siento demasiado solo entre tanta ignorancia, ignorancia que por otro lado yo veo con absoluta claridad, pero que ellos no pueden ni percibir. Y cuando llegue a casa y me atreva a escuchar música, la verdadera música, para olvidar que (desgraciadamente), soy un extraterrestre en mi propio planeta, los que esten a mi lado me pedirán que baje de inmediato ese "ruido" que escucho. Y me volveré a sentir fuera. ¿Por qué demonios no me gusta esa música? ¿Por qué no puedo ser como los demás robots y sentirme orgulloso de aquello? ¿Por qué es su estupidez la que hace que me sienta estúpido? No quiero ser otro cliche, no quiero ser uno de ellos...

Es por eso que me pregunto...¿dónde está la buena música? Hablo de esa música que hace olvidar nuestros problemas, que nos hace saltar como desquiciados, que nos hace por una vez en la vida sentir que vivir es una ilusión.

La música es un sentimiento, un estado de ánimo, algo parecido al amor, porque tu no eliges quién te hace vibrar ni quién hará que tu estomago se encoja. Música es transmitir y provocar emociones tan fuertes que consiguen quen sientas dolor, que te salten las lagrimas o aflore tu lado salvaje sediento de sangre.

Agradezco a todos aquellos que logran hacer buena música y a todos aquellos que logran disfrutarla. Y tal como AC/DC dicta... for those about to rock, we salute you.