domingo, 15 de mayo de 2011

A mi me mató la vida.

“Sweet lovely death
I am waiting for your breath
Come sweet death
one last caress.”
- The Misfits.

Hablar de la muerte es como hablar de la vida misma. Tal como dice Baudelaire, la muerte nos consuela y nos hace vivir, objeto es de la vida, la esperanza está en ella, esperanza que embriaga igual que un elixir y que en la negra noche brilla como una estrella. Dicen por ahí que es lo único que tenemos seguro en la vida. Y también es lo que al final nos hace a todos iguales. No discrimina. No le importa cual es tu credo, o el color de tu piel, o cuanto dinero tengas; eso no te libra de su llegada, todos nos hemos de morir algún día. Nadie se salva. Pero eso si, a nadie nos llega igual. No es igual la muerte de los amantes que la de los que están solos, o la de los que tienen dinero a la de los que no tienen que comer; no es igual la muerte de un artista o una gran celebridad por todos querida que la de un perfecto desconocido.

Fernando Savater alguna vez contó la primera vez que comprendió que se tenía que morir. Tenía 10 años, y a la mitad de la noche se levantó sobresaltado y se dio cuenta de que iba a morir. Todos iban a morir, pero las muertes de los demás no serían nada comparadas con su muerte. La reflexión que hace acerca de este hecho es que el darte cuenta que vas a morir es una propia parte de la muerte. Y es que al lo largo de nuestra vida, nos morimos poco a poco, desde que nos arrancan del vientre de nuestra madre hasta que estamos cansados de nuestro propio ser y postrados en una cama esperando el inevitable final. Nos morimos un poco cuando envejecemos y nos damos cuenta que no hemos cumplido con lo que se esperaba, que no cumplimos con nuestros sueños y expectativas y que ya no podemos realizarlas. Morimos un poco cuando el amor se nos acaba o cuando te das cuenta que el destino esta en tu contra y la vida te es más amarga. Incluso nos morimos un poco cuando ese ser querido y amado se va para ya nunca volver más y vives con la esperanza de que algún día la vuelvas a ver en un lugar mejor.

Estaba colgando los tennis
Cuando yo estiré la pata,
Me dieron ganas de fumar
Pues creo que es hora de faros chupar.

Escucho que alguien camina
Con tacones de Catrina,
Al verla cerré mis ojitos
Y tieso yo me quedé.

Desnuda y un poco huraña
Dejó a un lado su guadaña,
Se metió conmigo a la cama
Y yo solo pude asentir.

Y entonces que llega la Vida
Y me descubre en la movida,
Y se siente tan herida
Que yo me quise morir.

Y estaba tan despechada,
Tan furiosa y confundida;
La muerte ni me hizo nada,
A mi me mató la vida.

Hablando de un lugar mejor, parece que el hombre necesita tres cosas que no pueden obtenerse en esta vida: comprensión del propio ser, comprensión de los otros y comprensión del cosmos . No tenemos suficiente con nosotros mismos, y ante la tristeza, el dolor y el vacío de esta vida, el hombre ha querido consolarse con la idea de que, al morir, irá a un lugar mucho mejor. Algunos lo llaman Cielo; y se presume que ahí se tendrá una vida mejor, no habrá problemas, preocupaciones ni tribulaciones; no habrá enfermedades, ni dolor, ni muerte; todo estará lleno de paz, felicidad y amor universal; uno se encontrará con los padres, cónyuges y parientes muertos, y todos vivirán en la presencia de Dios en este reino del espíritu. Tal vez sea cierto y el espíritu, el alma, la consciencia trascienda y se haga uno con el Todo. O tal vez cuando uno parta de este mundo pues se acaba todo y la famosa eternidad no existe. No estoy aquí para hacerlos tomar una u otra postura, cada quien tiene su criterio para pensar lo que quiera en esta vida. Y eso es lo bonito de la muerte. Si no existiera tal cosa, tendríamos mucho que hacer, ver y conocer, pero nada que pensar, que meditar, que reflexionar. La muerte nos hace sentirnos vivos, nos hace madurar y prepararnos en esta vida donde es donde nos necesitan. Por la muerte no se preocupen tanto, ya llegará, pero si no hacemos algo en esta vida, entonces de nada servirá. Como dijo Platón, la filosofía es prepararse para morir, pero prepararse para morir no es otra cosa que pensar en la vida.

Estaba entregando el equipo
Cuando vi a aquella flaca,
Un coche a mi me arroyó
Y yo ni le vi la placa.

Al cielo yo me elevé
O sea que me petatié,
Pues creo que me lo gané
Pues de vivo yo me pase.

Y si muero porque me muero
Como dijo santa Teresa,
Pues mátenme porque me muero
Que la parca se deshuesa.

Y es que el muerto se va al agujero
Y el vivo se pica el trasero,
Pero si muero primero
Es probable que yo ni me entero.

Y si la vida no vale nada
Y si me han de matar mañana,
Y si muero lejos de ti
Aunque me cueste la vida.

Y estaba tan despechada,
Tan furiosa y confundida;
La muerte ni me hizo nada,
A mi me mató la vida.





-Fernando Rivera Calderón

En cuanto a mi, yo concuerdo con lo que se menciona en el libro “Quiéreme Cinco Minutos” de Anahí López, donde la protagonista de la historia asiste al funeral de su abuela y al no comprender satisfactoriamente lo que es la muerte, le pregunta a su primo sobre lo que sucede si luego no pasa nada; a ella, esperando una respuesta relacionada con la fe o a la reencarnación, le responden: si no se acaba aquí, pues que bien, y si sí, no te vas a enterar. Creo que tiene mucha razón. Y es que estaba tan despechada, tan furiosa y confundida; la muerte ni me hizo nada, a mi, a mi me mató la vida.

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